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CONCEPTO DE TRABAJO

Enviado por

DR. OSVALDO R. BURGOS
PosGrado en Derecho de Daños

orburgos@abogados-rosario.org.ar

• El concepto de trabajo. Evolución. Valor jurídico

El concepto de trabajo, fundamental en la organización de la sociedad humana, inherente a su misma existencia, ha experimentado continuas transformaciones en su delimitación, aludiendo a nociones sucesivas, e incluso contrapuestas, desde su propia formación; contemporánea quizás a la conformación misma del hombre como sujeto racional.

Trabajo es hoy, en una de sus siete acepciones más comunes según la visión de la Real Academia Española, “Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza”

No siempre ha sido así. La etimología generalmente admitida del verbo trabajar es la del latín trabs, trabis, viga, de donde habría derivado, en primer término, el tipo trabare, que dio en el castellano trabar, etimológicamente “obstruir el camino por medio de una viga” y luego otro tipo diminutivo, trabaculare que, romanceado, habría producido trabajar.

De lo anterior surge que el valor etimológico atribuido al verbo trabajar es el mismo de trabar; y de él se han deducido después el de contrariar, dificultar, molestar y, consecuentemente, el de poner los medios necesarios para vencer las dificultades, ejecutar algo, ocuparse en algún ejercicio o negocio, etc,

“Maldita será la tierra por amor de tí; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo. En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” enuncia el Génesis y esta sentencia contiene una pretensión no solo punitiva sino correccional –como hombres de Derecho, deberíamos notar que se trata de la aplicación de una impensable pena de ejecución continua e indefinida dictada sin la garantía de un debido proceso previo- Resulta, cuanto menos, extraño el carácter ejemplificador del castigo a una conducta que en modo alguno podría reiterarse, atento la probabilidad nula de retorno de las cosas al estado anterior a su ejecución, por el simple hecho de que la pena aplicada en su punición no alcanzará jamás a cumplirse.

Queda claro, de todos modos que, al menos en su origen, el trabajo –obstruir, dificultar, trabar; “en el sudor de tu rostro comerás el pan...” como grave sanción a una conducta disvaliosa- no habría gozado en apariencia de una prensa favorable, no resultaría precisamente una bendición.

Los tiempos cambian con la integración social. El trabajo como presupuesto necesario para la evolución de la sociedad en su conjunto y de cada individuo dentro de ella, adquiere otro prestigio y supone, además, la sociabilidad de los sujetos involucrados en su cumplimiento. No todos los trabajos –porque hay trabajos que solo importan a quien los desarrolla y por tanto nada aportan a quienes con él interactúan-, pero sí aquellos relacionados con la esfera de intereses de otro y, en particular, cuando esa afectación logra traducirse en un valor pecuniariamente apreciable. El vil metal conduce directamente y sin escalas hacia la magna ley, todo valor apreciable desde una perspectiva económica encierra en sí mismo la protección de un interés jurídico digno de tutela.

Descartamos entonces, en primera instancia aquellas labores (ya no digamos trabajo) que permanecen pura y exclusivamente en la órbita de interés de quien las realiza –y obtiene sus beneficios derivados, cerrando el ciclo en su sola persona-. Cuestiones privadas, acciones propias de la intimidad de los hombres a las que el brazo del Derecho no habrá de alcanzar.

Apartamos, en el paso por un tamiz de segundo nivel conceptual, aquellas ocupaciones que, aún involucrando el interés de dos o más individuos, carecen de valor pecuniario –resultan por propia definición extraños al término todos aquellos esfuerzos humanos no aplicados a la producción de riqueza y, aunque solo en principio, podríamos decir aclarando debidamente la existencia de numerosas excepciones y reservas al respecto que, desde un punto de vista legal, “el trabajo no remunerado no es trabajo”- . Por muy loables que pudieran resultar algunos de estos actos jurídicos, se excluyen sin mayores esfuerzos del particular. Sin riqueza, sin remuneración, otro es el concepto: solidaridad, colaboración, juego.

¿Cuál es el resultado, entonces? Sin llegar a postular una definición conceptual, hemos decantado los elementos suficientes para tornar asequible la noción estudiada y circunscribir claramente los alcances del término que nos ocupa. Desde este punto de vista, podríamos llamar trabajo a “Todo esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza –con objeto lícito- que trasciende la órbita de interés del sujeto que lo realiza y resulta apreciable desde un punto de vista pecuniario”.

Sin esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza –por llana definición- no hay trabajo.-
Sin objeto lícito, es obvio, el trabajo carece de tutela legal.-
Sin trascender la órbita de interés del sujeto que lo realiza, hay acciones privadas e individuales exentas del alcance normativo.
Sin apreciación pecuniaria puede haber solidaridad, colaboración o juego, pero, en modo alguno, trabajo.

La concepción legal del término resulta aún más estrecha. De todas las conductas que pudieran encuadrarse en la apreciación expuesta, al Derecho suele circunscribirse solo a aquellas que se realizan en “relación de dependencia” . El trabajo individual de un profesional liberal, comerciante o microemprendedor queda, de ordinario, al margen de la regulación laboral.

Así lo decide el Derecho positivo argentino en la Ley 20.744 (Ley de Contrato de Trabajo) que en su artículo 4 enuncia expresamente: “Concepto de trabajo. Constituye trabajo, a los fines de esta ley, toda actividad lícita que se preste a favor de quien tiene la facultad de dirigirla, mediante una remuneración. El contrato de trabajo tiene como principal objetivo la actividad productiva y creadora del hombre en sí. Solo después ha de entenderse que media entre las partes una relación de intercambio y un fin económico en cuanto se disciplina por esta ley”

Queda claro aquí que El Derecho Laboral repite el esquema conceptual desarrollado en este capítulo, con el agregado de un quinto elemento: el trabajo, para ser tal, debe prestarse a favor de otra persona.

Resumiendo, entonces, resultan rasgos distintivos del concepto legal de trabajo, los que a continuación se detallan:

1- Actividad productiva.
2- Objeto lícito.
3- Trascendencia del propio interés.
4- Fin económico.
5- Prestación a favor de otra persona.

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